El padre Pío profetizó que cerca de los últimos tiempos se daría a conocer una cura muy simple contra el cáncer… y que un franciscano sería su descubridor.
Ingredientes
- Medio kg de miel de abeja (natural)
- 40-50ml (unas 6 cucharadas) de destilado (aguardiente, coñac, whisky, etc.)
- 350/400g de hojas de Aloe Vera (Aloe Arborescens)
La dosis se mide en cucharadas, siendo que una dosis única equivale a una cucharada.
El producto tiene que ser almacenado en un lugar fresco y oscuro, pues pierde su potencia si está expuesto a luz solar.
Función de los ingredientes
La miel natural tiene la propiedad de transportar las sustancias curativas del aloe hasta los receptores más remotos de nuestro organismo. De este modo, la sangre se purifica de sustancias patógenas.
El destilado sirve para que el cuerpo humano pueda asimilar el líquido viscoso del aloe.
El aloe a emplear debe ser de una planta ya madura, como mínimo de 4 años.
Preparación
- Cortar las espinas del aloe y limpiar el polvo
- Las hojas del aloe se cortan en trozos (sin quitar la corteza) y se vierten junto con la miel y el destilado en la licuadora.
- Todo debe quedar bien licuado
- No hay necesidad de filtrarlo. Debe almacenarse en el refrigerador en un envase oscuro y bien cerrado.
La dosis que recomienda el P. Zago, es tomar una dosis media hora antes de cada comida principal del día.
El producto debe agitarse bien antes de su uso.
Efectos Posteriores
Pueden aparecer erupciones cutáneas, vómito o diarrea en los casos más críticos, por un lapso de 3 días como máximo. No se aconseja que embarazadas lo tomen.
Referencias
El P. Zago es autor del libro «Cancer can be cured» y pueden comprar el libro en https://www.buscalibre.com Deben buscar el nombre del autor (Romano Zago).
Más info: https://forosdelavirgen.org/?s=c%C3%A1ncer
El P. Zago menciona que tuvo muchos efectos positivos y curaciones en Brasil.
Hay que dar gracias a Dios por este descubrimiento que lleva pocos años circulando por internet y obviamente llevar una vida de buen cristiano ya que el fin último de una persona sanada de cualquier enfermedad grave no es que viva la vida loca de siempre estando de espaldas a Dios, sino el de una conversión que lo lleve a acercarse a Él.